Así, merced a la iniciativa de un precursor de origen
español, don José Trianez Díaz, se realiza por primera vez una
Fiesta de la Vendimia fuera del ámbito íntimo de las hileras puesto
que desde el siglo anterior los trabajadores celebraban el final de
la cosecha tocando la guitarra, cantando y bailando cuecas y los
gatos cuyanos, para posteriormente elegir una niña entre las
cosechadoras que coronaban con racimos de uva. El mes elegido para
esa primera fiesta en la ciudad fue abril, oportunidad en la que
comenzó el primer desfile de hermosos carruajes. Hubo un largo
periodo de 33 años en que no se realizó este acontecimiento, pero la
memoria, el deseo del pueblo y la acción de funcionarios visionarios
como don Guillermo Cano y Frank Romero Day, permitieron que en 1936
un decreto provincial institucionalizara la primera Fiesta Vendimial
El estadio de Gimnasia y Esgrima en la noche fundacional albergó a
25.000 personas. Allí se consagró a la primera Reina de la Vendimia
a Delia Larrive Escudero, representante de Godoy Cruz.

Al año siguiente, se llama a concurso para crear la
tradicional marcha de la Vendimia, recibió en ese entonces el primer
premio Ernesto Fluixá y se inició el diseño de carros alegóricos que
desfilan por las calles del parque. Ese carrusel vendimial prefiguró
los actuales desfiles. Por primera vez, se cobra entrada para
asistir al espectáculo y se lanzan al cielo centenares de fuegos de
artificio. El espectáculo central y el carrusel se complementaron
con un desfile de góndolas en el Lago del Parque. Resultó electa la
segunda soberana vendimial, Elia Rico.
En el ‘38, se cambia el escenario en busca de mayor espacio para el
público. El lugar elegido es la rotonda del Parque General San
Martín.
Pero 1939 es el año de las grandes innovaciones: se realiza por
primera vez la Bendición de los Frutos, utilizando el escenario del
Parque. Se representó una gran catedral y por primera vez se decora
el escenario. Se abandona la tradición instaurada en 1936, cuando se
elegía la reina y ella daba la orden de iniciar los festejos. La
elección y coronación de la reina pasa a ser el instante que cierra
la noche. Por primera vez, el Carrusel se interna en la ciudad.
Con el nombre de Corso de los Carros Alegóricos, nace lo que
en el futuro se conocerá como Vía Blanca de las Reinas. Se completan
los símbolos litúrgicos que entrañan los festejos. La imagen de la
Virgen de la Carrodilla es transportada hasta el proscenio para
presidir los actos de la Bendición de los Frutos.

En 1940, se instala un escenario flotante en el interior del
Lago del Parque General San Martín, tras la presentación de 250
artistas y el clásico desfile de góndolas. Luego de los actos, los
organizadores ven la necesidad de mayor espacio para albergar al
público, que aumentaba sin cesar, y la incorporación de luces como
especial motivo de atracción.
En 1943, se decide el retorno del escenario a la rotonda, para
ofrecer la primera trama argumental de la historia vendimial. En el
‘44, se adopta una marcha oficial. La elegida es Canto a
Mendoza,
cuya primera grabación fue realizada por Francisco Canaro, con la
voz de Hugo del Carril.
Pero ya en el ‘63, la Fiesta adquiere su escenario
definitivo: ocupa el Teatro Griego y de esa forma se inicia la
expansión hacia los cerros para los espectáculos de luz y sonido.
La Fiesta como hemos dicho, nació grande pero fue creciendo en forma
y contenido. La elección de la soberana vendimial es un homenaje a
la sacrificada tarea de la mujer en el surco. La reina se convertirá
en verdadera embajadora de Mendoza, con la misión de difundir las
virtudes de su pueblo y la belleza de su tierra.
La puesta en escena de La Fiesta Nacional de la Vendimia
requiere un gran despliegue. Poco más o menos, según los
responsables de cada realización, la escenografía abarca 3.000m² y
se utilizan 25.000 luminarias, 3.500 placas de chapadur, 2.500m² de
madera, 4.000 trajes entre bailarines, actores y figurantes, 500 kg.
de fuegos de artificio, y participan cerca de 1.000 personas en
total, entre las que van a escena, las que se desempeñan entre
bambalinas o están en el comando de luces, sonido y coreografía y
las reinas y sus cortes.
De esa forma, la Fiesta de la Vendimia ha llegado a ser, como los
buenos vinos, una celebración con espíritu propio, a la mejor manera
de las creaciones duraderas.