Mendoza Argentina
 INÍCIO  HOSPEDAGEM  GASTRONOMIA  VINÍCOLAS
sexta-feira, 12 de março de 2010
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DESARROLLO

En Mendoza la tierra y el clima motivaron a los conquistadores españoles a cultivar las primeras vides, abriendo el camino para la introducción de las primeras cepas de vid. Esta se propagó por Cuyo, hasta consolidarse en los siglos XVII y XVIII. Fue la etapa de la vitivinicultura Criolla, con centro principal en Mendoza y mercados de consumo en Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, entre otros. Pesadas carreteras, o bien tropas de mulas conducidas por los arrieros se ocupaban de trasladar el vino en odres de cuero ó botijas de cerámica protegidas con totora. De está forma se atravesaban los mil kilómetros de camino entre Cuyo y el Litoral para trasladar el vino.
Este comercio se realizaba entre dos unidades políticas: Mendoza era la capital de la Provincia de Cuyo del Reino de Chile, y sus productos salían de allí para abastecer a la Gobernación de Buenos Aires, que dependía directamente del Virreinato del Perú.


Entre las últimas décadas del siglo XVI y las primeras del XVII surgieron en Mendoza las primeras bodegas y viñedos. Algunas alcanzaron dimensiones realmente importantes para la época.
Los viñedos y bodegas de Alonso de Reinoso (siglo XVI), Alonso de Videla, Juan Amaro y Antonio Moyano Cornejo ( siglo XVII).
La presencia de estas bodegas en Mendoza es realmente notable para la época. Los vecinos de esta pequeña aldea poseían un establecimiento con capacidad para elaborar y conservar 5.000 litros en el siglo XVI; posteriormente, en la primer mitad del sigloXVII, se levantaron por lo menos tres bodegas que, en conjunto, tenían una capacidad para más de 130.000 litros de vino.
En Cuanto a los viñedos, se estima que el total de superficie cultivada en el siglo XVII llegaría a unas 20 hectáreas.

Durante la época colonial, y hasta mediados del siglo XIX, la elaboración era rudimentaria, en reducidas cantidades y tenía carácter doméstico. La Bodega era un pequeño recinto relacionado con el ámbito de la vivienda; a menudo una habitación aislada o adosada a ésta; con gruesos muros de adobe y escasas aberturas que la hacían soportar las grandes amplitudes térmicas entre el día y la noche. Los techos, de escasa pendiente a una ó dos aguas, estaban formadas por tijerales de chañar ó algarrobo, cubiertos con cañas y torta de barro.

En estas rudimentarias construcciones, la elaboración del vino comenzaba con la molienda de la uva en el lagar. Este era de cuero de vacuno en estructura de madera. Allí se ponía un artesanal método de vinificación: la uva se pisaba ¨a pata¨en lagares de cuero de vaca ó buey. Una vez obtenido el mosto, se dejaba caer por la cola del animal, que oficiaba de conducto y mientras se pisaba la uva se tapaba con un ¨bitoque¨. El mosto y el hollejo eran recogidos en baldes de cuero, llamados ¨noques¨, provistos de anillas por las que pasaban dos varillones, que permitían transportarlos a la bodega. Una vez allí, el líquido era volcado en grandes botijones de barro cocido, donde se producía la fermentación. Los botijones se colocaban convenientemente sobre rollizos de árboles, tendidos paralelamente sobre el piso de tierra para permitir su aireación. Terminada la fermentación se procedía al trasvase del vino nuevo a la vasija de conservación, proceso que se hacía por gravitación propia, al retirarse el bitoque de la tinaja de fermentación. En esta operación se interponía un cedazo ó colador, hecho de cuero agujereado, de manera que el chorro del vino, al colarse, dejara la semilla, el hollejo y otras impurezas. Una vez llena la tinaja de conservación con el vino nuevo, se tapaba y se sellaba con cal, yeso ó barro, para evitar la entrada de cualquier cuerpo extraño. El vino se dejaba estacionar ó añejar hasta el momento de la expedición.


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