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HISTORIA DE LA VID EN EL VIEJO MUNDO
Resulta imposible determinar los verdaderos orígenes de la vid silvestre
que estaba extendida en todo el hemisferio norte, desde el Himalaya
hasta lo que es actualmente el territorio de los Estados Unidos. Cuando
se produjeron las glaciaciones, en la era Cuaternaria, y el hemisferio
norte se cubrió de hielo, desapareció gran parte de las plantaciones.
Sin embargo, algunas plantas se salvaron en lo que se conoce como los
refugios climáticos. Esos refugios existieron en todo lo que es hoy
Europa, Asia Menor y en los Estados Unidos.
El más importante, en el Asia, fue denominado Refugio Caucásico, donde
se conservó la mayor cantidad de especies vegetales. Los botánicos del
mundo consideran que allí se originó y luego se distribuyó hacia el
mundo la mayor parte de las especies frutales, entre ellas la vid.
Así, los primeros pueblos que comenzaron a utilizar la vid fueron los
llamados "de la media luna fértil", que parte desde el Cáucaso,
abarcando Siria, Irán, Palestina e Irak. Allí fue donde se crearon
ciudades importantes, como es el caso de Babilonia.
La vid silvestre crecía especialmente en los bosques, con la
particularidad de enroscarse en los árboles. De sus frutos surgieron los
primeros vinos. La historia de la viña se encuentra ligada desde la más
remota antigüedad a la de la mitología oriental, especialmente a la de
Baco, que desde Asia irradió a Egipto, Tracia y los países
mediterráneos.
La adoración a Baco por los iniciados iba más allá de la veneración
debida al creador y protector de la vid. Según la concepción órfica,
Baco apareció como una especie de divinidad.
LA VID EN FRANCIA
El cultivo de la vid en Francia es la consecuencia de la romanización de
la Galia. Julio Cesar, para la tradición gala, más que un gran militar
estaba considerado como el padre de las viñas. Porque en sus memorias,
Julio Cesar señala que a medida que iba penetrando en el territorio
francés, en su lucha contra los galos, observó que en aquellas tribus
donde el medio de vida era la agricultura, los propietarios abandonan
los predios. Sin embargo, quienes tenían viñas las defendían con uñas y
dientes.
Así, entonces, consideró que había que fomentar el cultivo de la vid
para arraigar la población y para que defendieran los lugares
conquistados.
Esa tradición de los vinos de Francia se trasladó a España y luego pasó
a América. Especialmente porque en España el vino era muy apetecido y
porque era tomado inclusive como moneda de cambio. Se llegó a decir,
inclusive que en su momento Andalucía era un verdadero mar de vino. Y
como desde los puertos de Andalucía partieron las carabelas hacía
América, trasladaban con ellos las especies vegetales más importantes,
entre las que se encontraban el olivo, la higuera y la vid. A esos
aspectos deben agregarse que los marinos fueron acompañados por
sacerdotes que requerían el vino para la liturgia de la misa.
Según se afirma, en un principio se trasladaron estacas de vid que se
secaban ó brotaban en el mismo viaje, por lo que era muy difícil
trasladarlas al Nuevo Continente. Las primeras plantaciones se
realizaron en la Isla de Santo Domingo, pero el hábitat fue totalmente
adverso, por lo que los cultivos no dieron resultados.
Por ese motivo se piensa que el origen de la vid en las regiones más
sureñas surge de la llegada a la zona de los soldados españoles que
trasladaban pasas de uva, las que constituían para ellos un alimento
energético de valor extraordinario y, paralelamente, eran muy livianas y
ocupaban poco espacio.
Se estima que los primeros viñedos surgieron de semillas, aunque éstas
no reproducen nunca al progenitor, en razón de que se inicia un proceso
degenerativo. Por ello también se afirma que aquellas viñas americanas
tenían características hasta entonces desconocidas y que serían el
origen de las vides criollas.
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