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A lo largo de los siglos siguientes el vino se convirtió en un alimento
esencial en la dieta de la época, a lo que se unió la posibilidad de
comercializarlo en lugares distintos a los de su producción. Este
desarrollo de los flujos comerciales potenció el nacimiento de las
distintas regiones vinícolas y se produjo así un considerable trasiego
de municipios y regiones que se turnaron en el abastecimiento de vino a
la Corte.
El siglo XIX es crucial en la industria vinícola española. Aunque
tímidamente, comienzan a implantarse algunas reformas que tienen como
objetivo la mejora de la calidad del vino y se implantan nuevas técnicas
industriales de elaboración del vino que sustituyen a las tradicionales
artesanales. Por otro lado, la desgraciada llegada de la filoxera al
norte de Europa, que devastó progresivamente los viñedos a mediados de
siglo, contribuyó a consolidar la vinicultura en España. Muchos
vinateros franceses se establecieron al otro lado de los Pirineos como
única forma para continuar con su medio de vida y trajeron consigo sus
variedades de uva, maquinaria y métodos, entre los que destacaban la
disposición de las cepas, el control de la fermentación o el sulfitado.
Algunas de las plantaciones de Cabernet-Sauvignon y Merlot existentes en
la actualidad en La Rioja y Ribera del Duero proceden de este tiempo.
Sin embargo, a finales del siglo la plaga terminó afectando a la
península. Afortunadamente, en aquel momento ya se conocía la solución
para acabar con ella: injertar sobre patrón americano, inmune a la
plaga, con lo que la recuperación de las viñas y su producción resultó
menos traumática que otros países europeos.
Ya en el siglo XX, la industria vinícola tuvo que enfrentarse a dos
nuevos desastres. La Guerra Civil condenó a la viña al abandono y cuando
el enfrentamiento acabó, la II Guerra Mundial supuso la paralización del
mercado europeo del vino. Ambos sucesos supusieron un nuevo y duro golpe
para el sector, que sólo a partir de los años cincuenta empezó a
recuperar la normalidad.
Desde entonces, las reestructuraciones de viñedos y la renovación y
modernización de los procedimientos de elaboración y bodegas han
caracterizado la actuación de los viticultores y vinicultores españoles,
hasta situar a los vinos de España en igualdad de condiciones
competitivas que los foráneos, tanto en el mercado nacional como
mundial.
La transformación de la imagen y calidad de los vinos españoles durante
el último cuarto del siglo XX ha sido notable. Un grupo de esforzados
pioneros empezaron a introducir y aplicar las nuevas tecnologías
vinícolas acordes con la modernización mundial del sector.
Especialmente en los últimos años, una nueva generación de maestros
vinícolas ha sabido unir tradición y calidad.
LA VID EN ITALIA
Italia, en 1870, una vez que logró la constitución definitiva de su
unidad, después de un cúmulo incesante de viscitudes y con la mirada
puesta en un ambicioso porvenir, se abocó al desarrollo de sus recursos
económicos, principalmente los agrícolas, mostrando un marcado interés
por la vitivinicultura que era una de sus ramas más importantes. Había
obstáculos que paralizaban su desarrollo como fue la falta de capitales
y la insuficiencia de instrucción técnica en los productores, todavía
muy empíricos y rutinarios.
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