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La reserva Divisadero Largo comprende 492 hectáreas, y está ubicada en el pedemonte de la precordillera, a 8 kilómetros al Oeste de la Ciudad de Mendoza , entre los departamentos Capital y Las Heras. Fue declarada Area Protegida en 1983. Su nombre hace referencia al Cerro Divisadero, desde el cual los nativos avistaban el tránsito de las manadas de guanacos y otros animales para darles cacería.

El principal objeto de creación lo constituye el conjunto de afloramiento de rocas sedimentarias fosilíferas formadas durante un lapso de tiempo de más de 200 millones de años.

El puesto de guardaparques se denomina Atala, nombre de la mina de donde se extraía carbón a principios de siglo.

La Reserva, presenta características geológicas singulares, que le confieren una gran belleza y un alto valor tanto científico como educativo. La presencia de una falla geológica (fractura) y su desplazamiento ha permitido el afloramiento de diferentes niveles de rocas de origen sedimentario que representan un intervalo de tiempo mayor de 200 millones de años.

Divisadero Largo nos invita a realizar un viaje en el tiempo, a tomar contacto con una historia muy antigua de nuestra región. La evidencia de ambientes diversos y restos fósiles de animales y vegetales que habitaron en el pasado, nos ayudará tal vez, no solo a captar la intensa dinámica y diversidad de nuestro planeta, sino a establecer una relación más estrecha con el medioambiente que nos rodea.

Las rocas presentes en el área forman parte de la denominada “Cuenca Cuyana”, la cual fue en el pasado, un enorme centro deprimido que favoreció la acumulación de sedimentos. Estas condiciones ocurrieron desde el período Triásico, hace más de 200 millones de años, (época en la que surgieron los primeros dinosaurios) y continuó con intensidades diversas hasta mediados del período Terciario (aproximadamente hace 20 millones de años), cunado los dinosaurios habían desaparecido y dominaban las tierras del planeta los mamíferos.

La totalidad de los materiales presentes se formaron bajo ambientes continentales: ríos, lagos, lagunas, deltas, ambientes salinos, abanicos aluviales fueron alternadamente ocupando la región y dejaron a través del tiempo enormes volúmenes de sedimentos. Por último luego de la elevación de la Cordillera de los Andes y en el Cuaternario (que abarcó los últimos 2 millones de años), la Precordillera aportó materiales que cubrieron las formaciones antiguas.

La flora y fauna actual del ecosistema pedemontano son sumamente diversas. La explicación radica en que esta región es un ecotono, es decir, el límite entre dos ecosistemas o regiones biogeográficas, una típica de la llanura (Monte) y la otra propia de la montaña (Prepuna).

Al ser un ecotono, habitan simultáneamente especies vegetales y animales de ambas regiones. Entre las especies típicas de la llanura se encuentran algarrobos, chañares, breas, y animales como el zorro gris chico, el ñandú, la martineta, y dentro de las especies propias de la montaña encontramos muchas cactáceas, los yales, piquito de oro, zorro colorado, al suri cordillerano, el cóndor, el águila mora. Tanto el ñandú como el suri cordilleranos actualmente han desaparecido de la Reserva.

La reserva comprende los tres pisos altitudinales de vegetación que dominan en el piedemonte. El piso más bajo (hasta 1200 metros sobre el nivel del mar) presenta las más escasas precipitaciones y está dominado por jarillales. Esta comunidad vegetal está muy poco representada hacia el este. La vegetación es rala dejando mucha superficie de suelo desnudo. Acompañan otros arbustos, todos de ambientes sumamente desérticos, como retamos, garabatos, zampas y llaullines entre otros. El estrato de pastos es bastante abierto y además, existen varias especies de cactus.

La reserva es visitada anualmente por más de 4000 estudiantes. Además concurren cerca de 11000 turistas amantes de la naturaleza, quienes realizan diferentes actividades como trekking y ciclismo.